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Después de 13 años de brutal represión, ¿un cambio en la marea?

Comunicado de prensa del Centro Informativo de Falun Dafa por el aniversario de la campaña de persecución en China

Buenos Aires – El 29 de mayo d, el Sr. Yu Xuezhong, salió de su casa para ir a ver a un amigo. Poco se imaginaba que esta sería su última vez.

Esa noche, la policía irrumpió violentamente, secuestró a los dos hombres en una operación que arrasó con al menos 20 practicantes de Falun Gong en la ciudad de Jilin. Se los llevaron a una comisaría cercana, los esposaron y golpearon.

Al día siguiente, la familia del Sr. Yu recibió una llamada. El hombre de 53 años estaba muerto.

Después de 13 años de persecución del partido comunista, historias como estas aún son moneda corriente en toda China.

Detrás de la fachada de las tiendas de Starbucks y Apple acecha otra China “moderna”, que consiste de centros de detención provisorios, campos de trabajo forzado, y celdas de confinamiento solitario llenas de cientos de miles de practicantes de Falun Gong.

Ellos son secuestrados y encarcelados masivamente solo por procurar practicar Falun Gong, un sistema de meditación, ejercicios y filosofía espiritual tradicional china que enseña los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia.

Hoy, los practicantes de Falun Gong conforman el grupo más grande de prisioneros de consciencia en China, y tal vez en el mundo.

Los guardias los atormentan y golpean con métodos que recuerdan más a las cámaras de torturas medievales  que lo que uno esperaría de la segunda economía mundial del siglo 21. Arrancar las uñas, estirar a la persona en un bastidor, sodomía, y descargas eléctricas con picanas son algunas de las tácticas usadas.

Miles de niños quedaron huérfanos. Incontables esposas y esposos viudos. Existe importante evidencia de que los practicantes son asesinados y sus órganos removidos forzosamente para trasplantes, y de hecho algunos países prohibieron los trasplantes con órganos provenientes de China.

Los médicos que realizan este tipo de operaciones son solo una pequeña porción de los chinos comunes que son obligados a traicionar su consciencia y ética profesional. Si se niegan a hacerlo, reciben castigos severos, y si lo hacen, les ofrecen recompensas, de este modo, maestros, gerentes empresariales y policías son obligados a despedir buenos empleados, a difundir mentiras, y torturar gente inocente. Es por eso que, entre las víctimas no solo están los millones de practicantes de Falun Gong, sino también, todos los ciudadanos comunes, que han sido engañados, a quienes les han inculcado odio, y convencieron para que persigan a sus conciudadanos.  

La cifra humana, el costo financiero, y la tragedia moral de la persecución contra Falun Gong que el ex jefe del partido comunista, Jiang Zemin, lanzó el 20 de julio de 1999, es  estremecedora.

Pero, no tiene que ser de ese modo.

Durante 13 años, los practicantes de Falun Gong han usado formas creativas, valientes y pacíficas para contrarrestar la propaganda del partido comunista en contra de ellos y explicar a sus conciudadanos la realidad detrás de la persecución.

Ahora, esto está dando sus frutos.

Desafiando el peligro de ser detenidos (o peor), un creciente número de chinos en todo el país se atreven a firmar con su nombre real, peticiones al gobierno pidiendo que liberen a un determinado practicante de Falun Gong conocido de ellos.

A medida que los chinos dan el paso adelante, nosotros en Occidente tenemos nuestra propia decisión que tomar. ¿Cedemos ante el poder del partido comunista que asesina gente inocente para proteger intereses a corto plazo y una superficial apariencia de estabilidad?

Ó ¿nos resistimos a los esfuerzos del partido por comprar nuestro silencio y hacemos lo más que podamos para detener una de las peores atrocidades de nuestros tiempos y cuidamos de un grupo de gente que ofrece esperanza, estabilidad y prosperidad para China y el mundo?

En este momento crítico, son cada vez más los chinos hablan abiertamente para desafiar las políticas represivas del partido y afirmar que los valores de Vedad-Benevolencia-Tolerancia son dignos de defender.

Si ellos tienen el valor y coraje para  hacer esto en China, donde corren el riesgo que el Sr. Yu y su amigo sufrieron, nosotros ciertamente, en medio de la comodidad y libertad de Occidente, podemos asegurarnos de que no lo hagan solos.

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